domingo, 12 de abril de 2015

Según el sector, la generación eléctrica basada en combustibles fósiles no se reducirá antes de 2050

En un artículo publicado el pasado 30 de marzo, El Periódico de la Energía (un periódico digital dedicado al sector energético) se hacía eco de una encuesta reciente a profesionales de todo el mundo con puestos de responsabilidad en el sector de la electricidad. El titular de la noticia rezaba así: El 82% de la industria eléctrica mundial asegura que el sistema será 70% renovable en 2050. La afirmación se basa en las respuestas de los expertos encuestados a la pregunta "¿Cómo de rápido se puede hacer la transición a un sistema eléctrico altamente renovable (70% por generación) que sea también seguro y asequible en su mercado de interés?". El gráfico siguiente, extraído del informe de la encuesta, muestra una estadística básica de las respuestas.

Fuente: DNV GL, Beyond Integration 

En realidad, lo que dice la encuesta es que un 82% de los expertos creen que el 70% renovable se logrará en 2050 en la fracción del mercado eléctrico global que les concierne. Así que la previsión para el conjunto del sistema eléctrico global debe ser menor que el 70%. Pero aún así, ciñámonos a la interpretación generosa del titular del artículo.

Pues bien, ¿es esto una buena noticia? Sin entrar en la cuestión de qué valor real pueden tener este tipo de proyecciones a tan largo plazo en un contexto tan confuso como el actual, yo diría que según se mire. O que según para quién. Podría ser muy buena noticia para el sector de las renovables, claro. Pero... ¿qué tal para el clima?¿prevén los expertos que la generación eléctrica en 2050 será más limpia que la actual en emisiones de CO2?¿que necesitaremos menos combustibles fósiles para generar electricidad en 2050? Un poco de malicia y un par de números simples nos dicen que de ninguna manera.

El punto de malicia viene de suponer, porque la encuesta no dice nada al respecto, que los expertos consideran que el sector de la generación eléctrica va a seguir siendo un buen negocio de aquí a 2050. Es decir, un negocio creciente. Por una parte, el consumo de electricidad aún tiene que generalizarse e intensificarse en amplias regiones de esos que llamamos países en desarrollo. Por otra, la crisis en las economías desarrolladas es, por supuesto, una anomalía y la inminente vuelta a la senda del crecimiento hará que se recuperen y luego aumenten los niveles de consumo en esas economías. Así que ¡qué menos que un 3% de crecimiento anual medio para los próximos 35 años! El ritmo de crecimiento entre 2008 y 2013, años de crisis, ha sido de un 2,7% aproximadamente, así que un 3% tampoco es echar las campanas al vuelo.

Y ya estamos en disposición de hacer los números. Si la generación eléctrica crece un 3% anual de aquí a 2050, por cada 100 unidades generadas en 2014 se generarán en 2050: 100*1.03^(2050-2014)=290. Si se cumple la predicción de los expertos, el 70% de esas 290 unidades, es decir, 203, será renovable. Las 87 restantes vendrán de otras fuentes. Salvo que esperemos un muy poco probable desarrollo espectacular y sostenido de la energía nuclear, podemos contar con que del orden de 80 de esas 87 unidades no renovables de 2050 tendrán que generarse a partir de combustibles fósiles. Y resulta que de las 100 unidades de generación eléctrica de 2014 ¡también alrededor de 80 provinieron de combustibles fósiles!.

Total, que lo que vaticinan los expertos podría ser simplemente que no vamos a renunciar a los combustibles fósiles para generar electricidad. Eso sí, como tampoco vamos a renunciar al crecimiento continuado de la generación eléctrica y como parece que hay que ser demasiado optimista para confiar en que los combustibles fósiles puedan acompañar ese crecimiento, no nos va a quedar más remedio que echar mano de las renovables.

Expresar las cosas como porcentaje de una magnitud que crece o que se espera que crezca puede llevar a engaño. Un buen ejemplo de "abuso de los porcentajes" se puede encontrar muy bien explicado en este artículo del muy interesante blog Agua, energia y decrecimiento, esta vez en la evaluación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con el acceso al agua.  

Fuentes:
Noticia en El periódico de la Energía
El informe de la encuesta se puede consultar aquí: DNV GL: Beyond integration (marzo 2015)

jueves, 2 de abril de 2015

Un regalo inesperado

El pasado 30 de marzo apareció en el blog Nada es Gratis un artículo firmado por Francisco de la Torre con el título de Un regalo inesperado I. El artículo (y una segunda parte fechada el mismo día) fue publicado por el administrador del blog y no por su autor, que no figura en la relación de colaboradores. Parece, por tanto, que se trata de una colaboración "externa". Con todo, el artículo está ahí, y junto con su continuación, quiere explicar por qué la bajada de los precios del petróleo está teniendo tan poco impacto en la recaudación fiscal a pesar de lo que está contribuyendo a la recuperación económica. Y es que, respecto a esto último:

"Una reducción del precio de la principal fuente de energía que se utiliza en España, y que se paga casi íntegramente al exterior es una bendición: disminuye los costes de las empresas, las hace más competitivas, aumenta la renta disponible de las familias, equilibra la balanza de pagos porque se paga menos al exterior… Todo esto junto estimula el crecimiento económico, y consiguientemente, la creación de empleo."

Es decir, que la bajada reciente en el precio del petróleo (que parece que sigue entre 50 y 60 dólares el barril, que viene a ser la mitad de lo que estaba costando desde 2009, y el doble de lo que costaba antes de 2004) es un verdadero "regalo inesperado" para nuestra economía.

Y yo tengo que decir que para mí ver el texto citado en Nada es Gratis, un blog llevado por economistas académicos y que yo percibo tan alineado con los planteamientos de la teoría económica convencional, supone también un regalo inesperado. En efecto: me parece esperanzador que en un foro como ese se dé entrada a una visión sobre la crisis que no he parado de echar en falta durante todos estos años. Porque, o al menos así lo veo yo y parece también que el señor de la Torre, una subida del precio de la principal fuente de energía que se utiliza en España, y que se paga íntegramente al exterior, es una maldición: aumenta los costes de las empresas, las hace menos competitivas, disminuye la renta disponible de las familias, desequilibra la balanza de pagos porque se paga más al exterior,.... Todo esto junto inhibe el crecimiento económico, y consiguientemente, propicia la destrucción de empleo.

El precio del petróleo subió sin parar entre 2004 y 2008 desde unos 30 dólares por barril a casi 150 (precios constantes). Por esa época España importaba la friolera de 1,6 millones de barriles diarios. Echen las cuentas. Yo las he echado y las he mostrado varias veces en otros artículos de este blog. El impacto económico de una subida como esa en "la principal fuente de energía que se usa en España, y que se paga casi íntegramente al exterior" tuvo que ser necesariamente tremendo. Y para muestra un botón: como he dicho más arriba, yo ya he intentado ilustrarlo en varios artículos de este blog así que, esta vez, para variar, echaré mano de nuevo de Nada es Gratis. El gráfico siguiente apareció en un artículo titulado El Sector Exterior: ¿Un Problema Sin Resolver?, firmado por Jesús Fernández-Villaverde y Tano Santos y publicado por el primero (que, esta vez sí, es uno de los editores del Nada es Gratis) el 4 de febrero pasado. El gráfico quiere mostrar lo mal que lo llevamos en este país con nuestro balance entre exportaciones e importaciones.

Fuente: Nada es Gratis (2).

El caso es que en el gráfico se ve claramente como el problema más o menos estructural con nuestra balanza de pagos se agudiza enormemente entre los años 2004 y 2008, los años de "la felicidad de la burbuja" (tomo la expresión del mismo artículo), para luego sufrir un ajuste tremendo con el estallido de la crisis. A mí me parece obvio que esa felicidad de la burbuja consistió esencialmente en seguir importando petróleo al mismo ritmo, a pesar de su encarecimiento continuado. Aunque en el artículo no se diga nada al respecto. Y sí, seguramente la felicidad de la burbuja fue posible porque había un exceso de disponibilidad de crédito, debido tal vez al mal diseño del sistema monetario, y el desajusté se agravaría porque nuestra economía no era lo suficientemente flexible, o lo suficientemente productiva o por lo que sea que normalmente ha centrado el análisis habitual de las causas de la crisis en los foros económicos. Y no digo yo que estos factores no sean relevantes. Seguramente contribuyeron a amplificar el impacto (y también a retrasarlo). Pero que la subida del petróleo tenía que causar impacto, y fuerte, me parece evidente. Y no deja de sorprenderme lo poco que se ha tenido en cuenta hasta ahora esta variable.

En fin, que yo me alegro de que en más foros económicos se comience a prestar atención a la importancia en la economía de las limitaciones energéticas y, en general, de otros recursos finitos.

Fuentes:
Los artículos de Nada es Gratis que cito se encuentran en estos enlaces:
(1) Un regalo inesperado I
(2) El Sector Exterior: ¿Un Problema Sin Resolver?

martes, 27 de enero de 2015

El potencial hidroeléctrico global, por si acaso

Cuando se habla de renovables pocas veces se incluye a la energía hidroeléctrica. Se me ocurren varias razones posibles para explicar esto. La primera y más importante es que, por muy renovable que sea, su implementación ocasiona pérdidas medioambientales irrecuperables, por lo que no goza de mucho prestigio como energía verde. Otra es que "energías renovables" suena muy moderno y la hidroelectricidad, en cambio, es un auténtico clásico en la historia de la generación eléctrica: ¡se utiliza desde los tiempos de Edison!. Y finalmente puede que influya también el hecho de que globalmente la energía hidroeléctrica no puede dar de sí mucho más de lo que ya está dando, que es más o menos un 17% de la generación eléctrica total y un 3% de la producción total de energía primaria. Es decir, que se sabe que la energía hidroeléctrica nunca nos va a sacar de pobres, por lo cual no se espera de ella tanto como de las otras renovables.

Con todo, alguna que otra vez, en conversaciones informales sobre el apasionante asunto de los problemas de escasez energética que enfrenta nuestra civilización oigo cosas del estilo "¡pero si quedan un montón de ríos por ahí de los que aun se puede sacar muchísima electricidad!". Espoleado por este tipo de comentarios me he entretenido un buen rato en hacer una estimación más o menos detallada del potencial global de energía hidroeléctrica. Y de eso es de lo que va este artículo.

Comencemos por el principio: la energía hidráulica no es más que la energía que disipa el agua de los ríos en su descenso hacia el mar. Y las centrales hidroeléctricas no son otra cosa que dispositivos ingeniosos para captar parte de esa energía y ponerla a nuestro servicio en forma de electricidad. Así que podemos empezar con el agua de lluvia. ¿Cuánta agua de lluvia tenemos disponible?. El World Water Assessment Programme (WWAP), promovido por UNESCO, tiene publicados en internet unos "datos temáticos" sobre el agua de los que he tomado los datos globales de precipitación media anual en rejilla de 0,5º. Si prescindimos de la Antártida y de la región ártica por encima de la latitud 72ºN (no creo que nadie piense que las precipitaciones en esos territorios tengan interés hidroeléctrico), la precipitación media sobre la tierra firme según estos datos es de 800 mm/año. Esos 800 mm no se reparten por igual en el territorio sino que varían entre un mínimo de 0 y un máximo de ¡7.481! (en algún punto de la cuenca alta del Amazonas). El mapa de la figura 1 intenta dar una idea de cómo es ese reparto.
Figura 1. Mapa de precipitación media anual (mm) a partir de datos de WWAP

Pero no toda el agua de lluvia que cae sobre la tierra firme acaba en algún río para volver al océano. Una buena parte se evapora y regresa a la atmósfera, evitando contribuir a cualquier producción hidroeléctrica que se nos ocurra. Por eso, el dato relevante no es tanto el de precipitación como el de escorrentía. Afortunadamente, entre los datos temáticos del WWAP también se incluyen datos en rejilla de 0,5º de escorrentía media anual. En este caso, el promedio global es de 342 mm y el reparto, también irregular, se muestra en el mapa de la figura 2.

Figura 2. Mapa de escorrentía media anual (mm), a partir de datos de WWAP

Tenemos por tanto que el 43% del agua caída como precipitación sobre la tierra firme vuelve al mar en forma de escorrentía disipando energía potencial a lo largo de su camino descendente. ¿De cuánta energía estamos hablando?. Pues aquí tenemos que dar entrada a otra variable: la altitud, ya que la energía de la que estamos hablando es proporcional a la altura que se recorre en ese camino descendente. Para la a altitud he tomado un modelo digital del terreno global a 0,25º publicada en la web de TEMIS (un proyecto de la ESA). El mapa de la figura 3 está elaborado con dichos datos.
Figura 3. Mapa de altitud (m) a partir de datos de TEMIS

Y ahora sí, ¿de cuánta energía estamos hablando? Pues se trata de multiplicar en cada punto de la rejilla la altitud por la escorrentía y aplicar un factor nos convierta ese producto en unidades de energía. Como nos tenemos que referir a una unidad de tiempo (la escorrentía viene en mm anuales) estamos hablando más bien de potencia y para expresarlo en términos relativos a una unidad de área voy a utilizar como unidad el kW/km2. Los kW se refieren a potencia continua equivalente, es decir, la potencia que aplicada durante un año genera la energía anual correspondiente. El factor que convierte el producto de los datos de la figura 2 (mm/año) y los de la figura 3 (m) en kW/km2 es aproximadamente 0,00031. Efectuando la operación se llega a los datos en rejilla de 0,25 que han servido para elaborar el mapa de la figura 4. Sale un promedio de 53,7 kW/km2, pero muy mal repartido. Si integramos este valor en toda la superficie de tierra firme considerada tenemos un total de 6,99 TW de potencia continua equivalente disipada por el agua de escorrentía en su movimiento descendente hacia el mar. 
Figura 4. Mapa de energía potencial del agua de escorrentía en su lugar de origen (kW de potencia continua equivalente por km2)

Hasta aquí esto son habas contadas: en la medida en que los datos de partida estén bien (y a mí me parece que lo están), la energía potencial de la escorrentía supone unos 7TW de potencia continua equivalente. Sin embargo, esta energía se origina de forma muy dispersa (por ejemplo: la energía solar incide en la superficie terrestre unas 4.000 veces más concentrada). Si la podemos aprovechar es gracias a que las cuencas hidrográficas se encargan de concentrarla de forma natural en los ríos. Esto quiere decir que el primer tramo del descenso hacia el mar, el que discurre por laderas, regueros e incluso bajo la superficie, no es aprovechable por estar la energía demasiado dispersa. Entonces, ¿qué parte de los 7TW son energía hidráulica propiamente dicha, es decir, la que se nos presenta convenientemente concentrada en un cauce?

El paso de malla de los datos de altitud es de 0,25º, es decir, unos 25 km en el ecuador y nunca menos de 7 km. Es razonable suponer, por tanto, que la parte "dispersa" del descenso se resuelve dentro de cada celda de la rejilla. Aquí asumiré la hipótesis de que la parte "dispersa" del descenso de la escorrentía que se origina en una celda es la mitad del descenso en esa celda. El descenso dentro de cada celda lo estimo como la diferencia de altitud entre la celda y la vecina más baja, entendiendo que el agua de escorrentía que sale de una celda pasa a su vecina más baja. Aplicando este criterio se puede calcular una "altitud efectiva", más baja que la de la figura 3, y que estima la altitud a la que se inicia la etapa "hidráulica" del descenso de las aguas de escorrentía. La figura 5 muestra el mapa de altitudes efectivas. Es muy parecido al de la figura 3, pero con valores más bajos: la altitud media que resulta del mapa de la figura 3 es de 643 m y la altitud efectiva media del mapa de la figura 5 es de 572 m.
Figura 5. Mapa de altitud efectiva (m)

Así que, entonces, ¿de cuánta energía estamos hablando ahora?. Pues basta con repetir la operación que hicimos antes pero con los datos de altitud efectiva. En forma de mapa, los resultados son los de la figura 6, muy parecidos a los de la figura 4 pero un poco más bajos. El promedio global es ahora de 5,85 TW, lo que significa que la parte dispersa de la energía del agua de escorrentía supone un 16% del total (la estima me parece razonable). El 84% restante, ahora sí, es energía hidráulica propiamente dicha: energía que se disipará en cauces de ríos salvo que hagamos algo para impedirlo. Y, en principio, aquí sí podemos hacer algo: captarla mediante centrales hidroeléctricas.  
Figura 6. Dónde se origina el potencial hidráulico teórico (kW/km2) 

Una aclaración sobre el mapa de la figura 6: los colores señalan las zonas donde se origina la escorrentía portadora de energía hidráulica, pero el lugar de aprovechamiento puede estar en lugares muy alejados del origen. La presa de Asuán, en pleno desierto, convierte parte de la energía potencial que traen de las aguas del Nilo desde las tierras altas de Uganda, Etiopía y Sudán del Sur.

Pues bien, tenemos 5,85 TW de potencia continua equivalente en energía hidráulica. Ese es, al menos según mis cálculos, el potencial hidráulico teórico global. Pero se trata de un potencial teórico: en la práctica es imposible aprovecharlo al 100%. Veámoslo:
  • No es realista suponer que podemos utilizar todo el recorrido de todos los ríos para captar energía hidráulica. En muchos lugares no habrá ubicaciones propicias para construir presas, o serán demasiado remotas, o no compensará inundar determinados territorios o destruir determinados sistemas fluviales, etc. Estimo que, por consideraciones prácticas, hay un 50% de la altura efectiva que no se puede llegar a aprovechar.
  • No es realista suponer que podemos utilizar todo el caudal de los ríos. El caudal varía en el tiempo y en ocasiones la diferencia entre las grandes crecidas y los caudales normales puede ser muy grande. No es práctico dimensionar los embalses o las centrales para regular o turbinar todo el rango de caudales posibles por lo que durante los episodios que superen cierta magnitud, parte del caudal se dejará pasar sin ser aprovechado. Estos episodios de caudales grandes, aunque esporádicos, concentran una buena parte de la aportación total. Estimo que el 50% de la energía hidráulica que discurre por tramos con aprovechamiento hidroeléctrico se pierde por esta causa.
  • Como toda transformación energética, la generación hidroeléctrica tiene una pérdida. En este caso, los rendimientos son altos y creo que es razonable suponer que la pérdida es de sólo un 10%.
Juntando todo esto, mi estima para el potencial hidroeléctrico global es de 0,5·0,5·0,9·5,85 = 1,32 TW de potencia continua equivalente. Esto da para cubrir más o menos la mitad de la generación total de electricidad al nivel de 2012 o, aproximadamente el 10% de la producción global de energía primaria de ese año. La generación hidroeléctrica en 2012 fue de 0,42 TW, es decir, que ya estamos aprovechando el 31,5% del potencial. Así que de acuerdo, quedan por ahí muchos ríos de los que poder sacar energía, pero me parece que por mucho que nos empeñemos esa energía no va a ser suficiente para cambiar sustancialmente el panorama. Y con las pérdidas medioambientales irrecuperables que origina, no sé yo si merece la pena empujar mucho por esa vía... 

Detalles metodológicos, también por si acaso:
  • La asignación de valores de escorrentía de la rejilla de 0,5º a puntos de la rejilla de 0,25º del mapa de altitud se ha hecho por vecino más próximo. Dada la estructura de las dos rejillas (se puede consultar en las fuentes), cada celda de 0,5º está embaldosada por 4 celdas contiguas de la rejilla de 0,25º, por lo que esta asignación es perfectamente adecuada.
  • Para promediar o agregar los datos de rejilla en valores globales se considera que cada dato representa una superficie de (10.000/90)^2·p^2·cos(lat) km2, donde p es el paso de malla en grados geográficos y lat es la latitud del punto. Un punto en el ecuador representa una superficie de 771,6 km2. Uno en el paralelo 72 representa 238,4. La superficie total de las tierras emergidas consideradas (se excluye la Antártida y los territorios árticos por encima del paralelo 72ºN) es de 130 millones de km2
  • El mar Caspio tiene altitud negativa, como se ve en la figura 3. Por simplicidad en los cálculos, he asimilado a 0 las altitudes negativas. Esto resta potencial hidroeléctrico a la cuenca del Volga y los otros ríos que vierten al mar Caspio, pero el impacto global es muy pequeño.
  • El factor de conversión de escorrentía (mm/año)·altitud (m) en potencia continua equivalente por unidad de área (kW/km2) viene de aquí:
1mm/año·1m x 1000m3/(mm·km2) x 1000kg/m3 x 9.8N/kg x 1J/(1N·m) x 1año/365d x 1d/86400s x 1kW·s/1000J = 0,0003108 kW/km2
  • Los dos factores de reducción del 50% para el potencial teórico no son independientes aunque se han presentado como tales por claridad expositiva. En general, cuanto más regulamos una cuenca mediante embalses, más altura efectiva aprovechamos y más fracción de caudal puede ser aprovechada. Los valores son discutibles, pero un factor de reducción de 0.25 por razones prácticas me parece razonable.
Fuentes:

Los datos sobre estadística de producción de energía se han tomado de la U.S Energy Information Administration International Energy Statistics y se refieren a 2012, que es el último año con datos actualizados en el momento de consultarlo (27-01-2015)

Los datos temáticos sobre agua del World Water Assessment Programme están aquí

Los datos de altitud de TEMIS se pueden obtener aquí

lunes, 8 de diciembre de 2014

Petróleo, ¿dónde narices estamos un mes después? Preguntemos a Chevron...

Tras la publicación, el pasado 1 de noviembre, de una entrada en este blog donde reflexionaba sobre los cambios que se estaban produciendo en el mercado global de petróleo (varios años de incremento sostenido de la producción de Estados Unidos, varios meses de descenso sostenido en los precios), han pasado algunas cosas interesantes. Cito tres:
  1. El precio del petróleo ha seguido bajando de forma consistente durante un mes más y ya está por debajo de los 70 dólares el barril.
  2. Arabia Saudí ha hecho pública su intención de combatir mediante el precio al tight oil de Estados Unidos.
  3. Chevron, una de las grandes multinacionales petroleras, ha publicado su presentación anual a los inversores.
Lo del precio (a) se ve claramente en el gráfico 1, que es la actualización del que recogía en la entrada citada. Las razones por la que el petróleo está bajando de precio son las mismas que hace un mes: la demanda flojea y la oferta se mantiene alta. Lo de la demanda viene de que las economías de Europa y Japón siguen estancadas, la de China se ralentiza y la de otros emergentes, como Brasil, se ha frenado. Lo de la oferta tiene que ver con el crecimiento de la producción de Estados Unidos desde hace unos años y con el hecho de que ni Arabia Saudí ni sus socios de la OPEC estén modulando su producción para mantener precios altos.

Gráfico 1. Evolución del precio del petróleo en los últimos 6 meses. Actualizado a 5 de diciembre de 2014. Fuente: nasdaq.com.

Así que lo del precio hila con lo de Arabia Saudí (b). En efecto, en la última reunión de la OPEC (27 de noviembre), Ali al-Naimi, ministro del petróleo saudí, logró convencer a sus colegas del cártel de no recortar la producción y así mantener unos precios suficientemente bajos como para expulsar del mercado al tight oil de Estados Unidos. Este cambio de estrategia tiene enjundia. Significa que los saudíes ven en la nueva producción de crudo de Estados Unidos una amenaza para su posición dominante en el mercado, que saben que esa nueva producción es cara y sólo es viable con precios altos y que además consideran que tienen suficiente margen de maniobra para sostener producciones altas durante suficiente tiempo.

La estrategia podría estar surtiendo efecto ya mismo: en noviembre los permisos para perforar nuevos pozos en Estados Unidos cayeron un 40% respecto al nivel habitual en los meses previos. Esto se va a notar en el número de pozos nuevos en los próximos meses y, teniendo en cuenta el rápido declive del ritmo de producción en los pozos de extracción por fracking, no tardará en notarse también en la producción. En cualquier caso, es posible que el boom del fracking petrolero de Estados Unidos no sea la única victima de esta guerra de precios: Rusia e incluso algunos socios de Arabia Saudí en la OPEC como Venezuela, que por diversos motivos necesitan precios altos, pueden verse en serias dificultades si la situación actual de precios se prolonga lo suficiente.

En realidad nadie sabe a ciencia cierta con cuántas reservas cuenta Arabia Saudí pero parece que los saudíes consideran que tienen suficientes como para seguir mandando en el mercado durante una temporada. Esto hila con lo de Chevron (c). En su presentación anual a los inversores publicada este mes de noviembre incluyen el gráfico que reproduzco más abajo como gráfico 2. En él se muestra una proyección de la demanda de petróleo esperable de aquí a 2030 comparada con la evolución previsible de la "producción base existente", es decir, la producción de los campos petrolíferos que se están explotando actualmente. La proyección de la demanda equivale a un crecimiento anual del 0,8% hasta los 92 millones de barriles diarios. En cambio, la producción base existente se prevé que decrezca a un ritmo de un 5,2% anual, hasta unos 32 Mbd.


Gráfico 2. Proyección de la demanda de petróleo y la producción base existente hasta 2030. Fuente: Chevron 2014 Investor Presentation

La previsión de crecimiento de la demanda del 0.8% no es demasiado optimista. Ese ha sido más o menos el crecimiento experimentado entre 2008 y 2013 y todos sabemos que no han sido años económicamente muy boyantes. Si contamos con que las cosas vayan mejor de aquí a 2030 y nos atenemos a esta previsión de demanda, el margen de mejora queda restringido a lo que seamos capaces de reducir nuestra actual dependencia del petróleo. Por otra parte, la previsión de disminución de la producción base existente de un 5,2% anual no es discordante con la de los estudios serios sobre el asunto. El resultado es que para cubrir la demanda de aquí a 2030 nos harán falta unos 200.000 millones de barriles procedentes de campos petrolíferos nuevos, y que en 2030 la producción nueva tendrá que ser capaz de proporcionar 60 millones de barriles por día. Es decir, que necesitamos poner en producción algo así como 6 "arabias saudíes" entre hoy y 2030: una nueva "arabia saudí" cada 3 años. 

Yo tengo muchas dudas de que realmente sea posible poner en producción una nueva "arabia saudí" cada 3 años si nos ceñimos a los recursos naturales de este planeta y a los recursos económicos y tecnológicos de esta civilización. Por ejemplo: si lo tuviéramos que hacer a base de yacimientos como el que Repsol está explorando en Canarias, tendríamos que poner en producción uno nuevo cada mes. Si lo tuviéramos que hacer a base de yacimientos como Bakken, el principal protagonista del boom del fracking petrolero en Estados Unidos, necesitaríamos uno nuevo cada ocho meses.

Pero aunque a mí me pueda parecer una batalla perdida, para los ejecutivos de Chevron no lo es. En la diapositiva 5 de la misma presentación nos muestran de dónde piensan que va a salir toda esa producción nueva (gráfico 3, panel de la izquierda). Y resulta que casi tres cuartas partes vendrá de yacimientos de alta mar, de tight oil y de las arenas bituminosas de Canadá. Puede que estos recursos lleguen a dar de sí lo que Chevron espera de ellos, o puede que no, pero lo que está claro es que este nuevo petróleo va a ser caro. Y en esto los ejecutivos de Chevron también están de acuerdo: en la misma diapositiva (gráfico 3, panel de la derecha) se indica el rango estimado del "break even" o umbral de rentabilidad de cada tipo de recurso, es decir, el precio mínimo que permite cubrir todos los costes de inversión y explotación. En la mayoría de los casos ese precio mínimo ronda los 75 dólares por barril. Moraleja: a los precios actuales la producción nueva prevista es inviable. 
Gráfico 3. Composición de la producción nueva de petróleo entre 2013 y 2030 por tipo de recurso (izquierda) y umbral de rentabilidad de cada tipo de recurso (derecha). Fuente: Chevron 2014 Investor Presentation. 

Pero entre tanto, dejémonos llevar y disfrutemos de las ventajas que para los importadores de petróleo como nosotros representa la nueva coyuntura de precios. Un barril a 70 dólares en lugar de a 100 abarata la factura del petróleo de España en unos 10.000 millones de euros anuales, es decir, en algo así como un 1% del PIB (*). Cuando las previsiones de crecimiento para los próximos años vienen siendo del uno y pico por ciento, un ahorro del 1% en la importación de petróleo es muy significativo. Si al final crecemos en el entorno del 1% o del 2% ya veremos qué parte hay que atribuir al abaratamiento del petróleo y qué parte a las tan cacareadas "reformas".

Notas:
(*) España consumió petróleo en 2013 a un ritmo de 1,2 millones de barriles diarios (BP Statistical Review of World Energy 2014). Multiplicado por 365 días y 30 dólares por barril supone 13.140 millones de dólares. El PIB de España en 2012 fue de 1,32 billones de dólares (World Data Bank) 

Fuentes:
El gráfico 1 se ha obtenido en www.nasdaq.com

domingo, 9 de noviembre de 2014

Krugman, o de cuando algunos economistas creen que algunos científicos se creen más listos que los economistas

No hay duda, Paul Krugman es un genuino abanderado del crecimiento económico. En este blog, más de una vez le he encuadrado en el terraplanismo económico, esa visión de tantos y tantos economistas según la cual no existen límites naturales al crecimiento económico, una visión incompatible con una Tierra esférica y, por lo tanto, finita. Pero a juzgar por un artículo suyo publicado hace un mes en The New York Times, su posición podría ser más sofisticada. El artículo se titula Slow Steaming and the Supposed Limits to Growth y su primer párrafo me ha servido de excusa para el título de esta entrada:

"El pesimismo ambiental hace extraños compañeros de cama. Parece que estamos viviendo un momento en el que tres grupos con agendas muy diferentes - conservadores anti medio ambiente, gente de izquierdas anti capitalista, y científicos que se creen más listos que los economistas - han formado una alianza impía a favor de la tesis de que reducir la emisión de gases de efecto invernadero es incompatible con el crecimiento del PIB real." (Mi traducción*)

En el artículo, Krugman muestra un ejemplo concreto en una actividad económica enfrentada a una situación de carestía energética para ilustrar cómo la economía puede adaptarse para producir lo mismo (o incluso más) consumiendo menos energía. La actividad económica en cuestión es el transporte marítimo de mercancías. Al parecer, en 2008 y ante la enorme subida del precio del petróleo, las compañías navieras que operaban rutas intercontinentales tomaron una decisión simple: reducir la velocidad de navegación de sus buques mercantes. En efecto, reducir la velocidad de navegación reduce el consumo de combustible del buque.

Pero no nos podemos parar aquí: si los barcos navegan más despacio no podrán hacer tantos viajes como antes, así que al final la cantidad de mercancías transportadas será menor. Aunque Krugman no lo menciona explícitamente, esto formaba parte de la situación de 2008: con la crisis había muchas menos mercancías que transportar por lo que para las navieras la decisión estaba entre reducir la velocidad o mantener buques inactivos. Pero lo relevante para el argumento es que la reducción de consumo de combustible que acompaña a una reducción de velocidad es proporcionalmente mayor. Es decir: si reducimos la velocidad pongamos por caso un 20%, la reducción de consumo de combustible es sustancialmente mayor que un 20%, digamos que un 40%. El caso es que la reducción de velocidad se puede compensar utilizando más barcos: si tengo 125 barcos navegando un 20% más despacio transportarán lo mismo que 100 barcos a la velocidad original (en realidad un poco más, porque los tiempos de carga y descarga no se ven afectados por el cambio de velocidad). Y como esos 125 barcos consumen cada uno un 40% menos, resulta que en total estamos transportando la misma cantidad de mercancías con un 25% de ahorro de combustible. Fantástico, ¿no?

Pues bien, parece que el Sr. Krugman tiene razón: se puede producir más con menos energía. Basta con, en sus propias palabras, "aplicar más capital y más trabajo": más barcos y más tripulaciones en el caso del ejemplo. Así que incluso en un planeta esférico en el que el suministro de combustibles fósiles fuera limitado, la economía podría seguir creciendo indefinidamente. 

Bueno, vale, se trata sólo de un ejemplo, y el propio Krugman lo advierte: no es ni de lejos el más importante ni de ninguna manera suficiente para, por sí mismo, marcar la diferencia. Pero naturalmente, si lo utiliza es porque lo considera ilustrativo. Y ahí quería yo llegar, porque en eso coincido con él: para mí el ejemplo ilustra perfectamente cómo ante una situación de carestía energética la economía se adapta moviéndose hacia soluciones en las que es necesario (en palabras del propio Krugman, insisto) "aplicar más capital y más trabajo" para lograr los mismos resultados. Es decir, en términos más acordes con la jerga de los economistas, soluciones que reducen la productividad de los factores. Y aquí es donde reside el problema: hasta donde se sabe, el crecimiento económico está ligado al aumento de la productividad de los factores, o así nos lo suelen explicar la mayoría de los economistas. 

Un carguero de gran tonelaje y un "dhow" cerca de la costa de Dar es Salaam (Tanzania). Dos maneras de transportar mercancías en el mar. El consumo de combustible que requieren una y otra es muy diferente. La cantidad de trabajo también.

En otras palabras: el ejemplo que nos brinda el Sr. Krugman ilustra perfectamente cómo la escasez de energía (o, lo que para el caso es lo mismo, la necesidad de usar menos energía para proteger el clima) puede revertir la tendencia secular a sustituir trabajo humano por capital más energía sustituyendo, en cambio, energía por capital más trabajo. La sustitución de trabajo por capital más energía es, a todas luces, la que ha permitido el enorme crecimiento de las economías avanzadas por vía del aumento de la productividad del trabajo. En cambio, en el ejemplo de Krugman la navegación lenta permite ahorrar energía pero cada hora de trabajo de los miembros de la tripulación de los buques de carga rinde menos en cantidad de mercancías transportadas. Si este tipo de soluciones se generalizan y cada una de nuestras horas de trabajo rinde menos en producto, no acabo de ver cómo podremos seguir sosteniendo el crecimiento del PIB per capita real. Y eso sin tener en cuenta que tendremos que dedicar aún más horas de trabajo para construir y mantener un capital físico que antes no necesitábamos (barcos extra en el ejemplo) y que en las nuevas condiciones es menos productivo. 

Creo que el señor Krugman debería desarrollar más su ejemplo explicándonos la nueva teoría según la cual el crecimiento económico real se puede sostener a largo plazo en condiciones de disminución de la productividad de los factores, y en concreto de la del trabajo. De otro modo, tal vez lo que va a crecer es el número de científicos que supuestamente se creen más listos que los economistas.

Notas:

(*) En el original Krugman no dice científicos a secas sino "hard scientists", en referencia a los científicos de las disciplinas "duras" (la física, la química, la biología, etc.) por oposición a los de las "ciencias sociales". Lo de "hard" se ha caído de mi traducción por dos razones. La primera: no se me ocurre una buena traducción al español para "hard scientist". La segunda: debo reconocer que con artículos como el que comento aquí cada vez me cuesta menos mantener a los economistas en una categoría conceptual separada de la de los científicos.

Fuentes:

El artículo de Paul Krugman comentado se encuentra aquí:
http://krugman.blogs.nytimes.com/2014/10/07/slow-steaming-and-the-supposed-limits-to-growth/