domingo, 18 de noviembre de 2012

Crecer en tiempos revueltos

Recientemente he leído la transcripción de una conferencia pronunciada por Jesús Fernández-Villaverde para el Club Empresarial ICADE en Madrid el pasado 21 de septiembre, titulada La salida de la crisis: cómo y cuándo.

La conferencia, de lectura muy interesante, pasa revista una serie de carencias estructurales e institucionales de la sociedad española, desde el exceso de endeudamiento público y privado hasta el creciente envejecimiento de la población, pasando por las deficiencias de la educación o del mercado laboral. La motivación de este repaso se explica al comienzo de la conferencia: España creció muy deprisa durante la segunda mitad del siglo XX, acercándose a las economías más avanzadas, pero a finales de los años 1990 nuestro modelo de crecimiento se había agotado. Y parece que no nos dimos cuenta, porque a partir de entonces nos dedicamos a construir urbanizaciones como posesos en lugar de aprovechar la bonanza económica para "establecer las bases del crecimiento económico para las próximas décadas".

No sé muy bien cómo puede hacer una sociedad para establecer las bases del crecimiento económico para las siguientes décadas. Pero si nos ponemos a una tarea tan difícil, ¿por qué crecimiento?¿No suena mejor establecer las bases del bienestar económico para las siguientes décadas?¿Es que es el crecimiento más importante que el bienestar? Después de haber alcanzado los niveles de actividad económica de los primeros años 2000, ¿tanto necesitamos seguir creciendo? Me temo que la respuesta es sí, al menos en nuestro modelo de sociedad. Porque en nuestras sociedades el bienestar y el crecimiento económico están ligados indisolublemente. Sólo generando cada año más bienes y servicios per capita que el año anterior podemos evitar entrar en crisis (ver, por ejemplo, el artículo The show must grow on  en este mismo blog). Y sólo si evitamos entrar en crisis, podemos mantener el nivel de bienestar general de la sociedad. En definitiva: nuestras sociedades son rehenes del crecimiento económico.

El pensamiento económico predominante parece haber interiorizado completamente la identificación entre crecimiento económico y bienestar hasta el punto de que este, el que de verdad debería importarnos, simplemente se omite en favor de aquel, el que se considera su fuente única. También parece bien instalado en el pensamiento económico predominante lo que podríamos llamar “paradigma del crecimiento”: el crecimiento económico continuado es la situación natural de cualquier economía saludable. Las fases de decrecimiento o de crecimiento débil se perciben como perturbaciones que deben ser corregidas o absorbidas para recuperar la normalidad de la senda del crecimiento. Si un modelo de crecimiento se agota, hay que buscar otro que lo sustituya. Y que nos sirva para crecer no un año ni dos sino durante las siguientes décadas. Aquí no me resisto a echar una cuenta sencilla: un crecimiento del 3% anual sostenido durante 3 décadas supone multiplicar el tamaño de la economía por un factor de 2,4.

Con todo, algunos economistas se atreven a cuestionar el paradigma del crecimiento. Uno de ellos es Robert J. Gordon, autor de un “working paper” del National Bureau of Economic Research de Estados Unidos publicado el pasado mes de agosto con el título Is U.S. Economic Growth over? Faltering Innovation Confronts the Six Headwinds. El artículo, centrado en la economía estadounidense pero más o menos trasladable a todas las economías desarrolladas, plantea tres ideas que yo resumo así:
  • El crecimiento económico, lejos de ser natural o normal, podría ser una excepción histórica de los últimos dos siglos y medio, y tarde o temprano podríamos volver a la normalidad del no crecimiento.
  • Como tantas otras cosas, el crecimiento económico está sometido a la ley de los rendimientos decrecientes. Es decir, a partir de cierto nivel de desarrollo económico, crecer más es cada vez más difícil.
  • Además de la ley de los rendimientos decrecientes, las economías avanzadas se enfrentan actualmente a obstáculos adicionales al crecimiento: envejecimiento de la población, estancamiento de la educación, incremento de la desigualdad, globalización, limitaciones medioambientales y en el uso de la energía y alto nivel de endeudamiento.
Los rendimientos decrecientes que ve Gordon se refieren al impacto de la innovación. Aunque el ingenio humano no se agota y aparecen novedades tecnológicas continuamente, el efecto de estas en la productividad y en el incremento del nivel de vida es, a partir de cierto punto, cada vez menor. El impacto de las grandes innovaciones del siglo pasado (el agua corriente, la electricidad, el automóvil, la aviación comercial, la petroleoquímica, las telecomunicaciones, la automatización de procesos industriales, etc.) fue enorme a medida que estas se fueron generalizando. Concluido este proceso, el listón queda muy alto para las nuevas tecnologías. El smartphone, la wii, Facebook o, dejando a un lado la caricatura, la informática, el comercio “on line” o la banca electrónica no han alcanzado a tener un impacto tan alto, según el análisis de Gordon. Para ilustrarlo reproduzco uno de los gráficos de su artículo.

Evolución de la productividad del trabajo en Estados Unidos desde 1948. La línea verde es la tendencia hasta 1972, que correspondería al ritmo de crecimiento asociado a las innovaciones de la “segunda revolución industrial” (electricidad, automóvil, etc). Después de 1972 el ritmo de incremento de productividad languidece con un breve episodio de reactivación entre 1996 y 2004, que Gordon atribuye a las innovaciones de la “tercera revolución industrial” (internet, comercio electrónico, etc.). Su efecto es comparativamente mucho menor y menos duradero. Fuente: Gordon.

En este punto pienso que esta ley de los rendimientos decrecientes para el crecimiento económico podría explicar por qué países como China, a la que presumo carencias estructurales e institucionales más graves que las que Fernández-Villaverde identifica en España, está creciendo y crecerá aún durante muchos años a un ritmo mucho mayor que el de las economías avanzadas. China parte de más abajo: su economía todavía está sintiendo el impacto de las innovaciones tecnológicas de la revolución industrial.

Tal vez economistas como Gordon estén en lo cierto y no debemos esperar mucho más crecimiento en las economías más avanzadas. Si es así, no es sólo el modelo de crecimiento de España el que se ha agotado. Si es así, el modelo que se ha agotado es el de bienestar dependiente del crecimiento económico, tanto para España como para el resto de países superdesarrollados del primer mundo. Y si es difícil que una sociedad se siente a establecer las bases del crecimiento para las siguientes décadas, cuánto más difícil será que nos sentemos a establecer las bases del bienestar con crecimiento limitado o nulo.

Fuentes:
La transcripción de la conferencia de Jesús Fernández-Villaverde La salida de la crisis, cómo y cuándo puede encontrarse aquí:
El artículo de Robert J. Gordon Is U.S. Economic Growth over? Faltering Innovation Confronts the Six Headwinds puede encontrarse aquí (precio 5 dólares):
o aquí (gratis):

sábado, 27 de octubre de 2012

Los PIIGS y el petróleo

PIIGS es la denominación un tanto despectiva con la que frecuentemente se alude a ese conjunto de países de la periferia de Europa que parece que están  pasando por los peores apuros económicos en comparación con el resto de socios europeos. En 2010 y 2011 Grecia, Irlanda y Portugal, por ese orden, requirieron y recibieron sendos “rescates”. En España parece que la hora de nuestro “rescate” va a llegar más pronto que tarde. Italia se bandea más o menos y quizás se libre (esto nos dejaría al resto con un calificativo ya sí descaradamente ignominioso), pero ha tenido que pasar por la destitución de un gobierno salido de unas elecciones y su sustitución por otro de carácter excepcional.

¿Qué tenemos en común estos cinco países para estar llevando tan mal la crisis económica? Ahí va una idea: la dependencia del petróleo. Y para apoyarla he elaborado el gráfico 1, que muestra para diversos países de la Unión Europea qué porcentaje del consumo total de energía primaria se obtuvo a partir de importaciones de petróleo en el periodo 2004-08. Los países faltantes lo son porque no tienen datos en la fuente consultada (son significativos los casos de Bélgica y Luxemburgo: este falta en algunas tablas y en otras aparece agregado a Bélgica).
Gráfico 1. Porcentaje del consumo de energía primaria dependiente de importaciones de petróleo, años 2004-2008. Calculado como consumo de petróleo neto (consumo - producción) dividido por consumo total de energía primaria. Los PIIGS se han señalado con color diferente. Elaborado a partir de datos de BP Statistical Review of World Energy June 2012.

Creo que el gráfico habla por sí mismo. Con la excepción de los Países Bajos, los PIIGS copan las primeras posiciones en dependencia de petróleo importado. Y para ser justos con los Países Bajos, tenemos que mencionar el hecho de que producen gas natural en cantidades muy superiores a sus necesidades, lo que alivia enormemente su dependencia energética exterior. Así que si prescindimos de los Países Bajos lo que nos queda son los PIIGS, y curiosamente en el mismo orden en que han sido o van a ser (probablemente) rescatados.

Así que se diría que la dependencia del petróleo exterior en los años 2004-2008 ha servido para formar una especie de parrilla de salida para la carrera hacia el rescate. Lo cual, en mi opinión, no debe de ser ajeno al hecho de que en el periodo 2004-2008 el precio del petróleo se disparó, como he comentado ya en varias ocasiones y como muestra el gráfico 2.
Gráfico 2. Evolución del precio del barril de petróleo 1990-2011. Elaborado a partir de datos de BP Statistical Review of World Energy June 2012.

Puede ser que los PIIGS tengamos unas administraciones menos eficientes que las de los países del centro y el norte de Europa. Tal vez nuestras clases políticas sean “élites extractivas” más extractivas que las de esos otros países. O quizás la unión monetaria con unas economías más competitivas que las nuestras no haya sido una buena idea. Quién sabe, a lo mejor simplemente somos menos industriosos o más desorganizados por nuestro clima mediterráneo (pero entonces ¿Irlanda?) o por nuestra tradición cultural católica (pero entonces ¿Grecia?. Y ¿Polonia?). Todo eso es posible, pero una cosa sí es segura: los PIIGS somos más dependientes de las importaciones de petróleo. Y en los años previos a la crisis el petróleo se encareció un 150%.

Reconocimientos y fuentes:

La idea de la relación entre PIIGS y dependencia del petróleo se la he tomado a Gail Tverberg, de su blog Our Finite World. Aquí presenta un gráfico muy parecido al mío:
http://ourfiniteworld.com/2012/10/25/an-economic-theory-of-limited-oil-supply/

Los datos de BP Statistical Review of World Energy June 2012 pueden obtenerse aquí:
http://www.bp.com/sectionbodycopy.do?categoryId=7500&contentId=7068481

viernes, 5 de octubre de 2012

En el sótano con un economista

En un comentario reciente a la entrada de este blog Fraude,una visión neoliberal, el comentarista me cita en una crítica no exenta de ironía hacia los economistas y su aparente despreocupación por el agotamiento de los recursos no renovables. Al hilo de esta crítica, me recuerda que la escasez está en la base de la economía y que cuando un bien escasea, se encarece y acaba por ser sustituido por otro más barato.

Y tiene razón: según la visión tradicional de la ciencia económica, la economía consiste en gestionar los recursos escasos. Y en efecto: cuando un recurso escasea su precio se incrementa hasta que aparece otro comparativamente más barato que lo sustituye. Además, si la economía funciona razonablemente bien, el ingenio humano estimulado por los incentivos económicos adecuados encontrará siempre la mejor sustitución posible. Una vez establecido esto, los economistas se pueden abstraer de los detalles técnicos y materiales de esas sustituciones (qué recursos son los que escasean, cuáles son sus posibles sustitutos, qué cambios tecnológicos son necesarios para implementarlas) y, en cambio, dedicarse de lleno a estudiar las condiciones en que se dan esos incentivos económicos adecuados, que es lo que constituye el núcleo duro de su disciplina: la formación del precio, el funcionamiento de los mercados, los sistemas monetarios, los sistemas financieros, etc. Ese es, al fin y al cabo, su trabajo.

Pero de tanto centrarse en ese su trabajo me parece a mí que muchas veces los economistas acaban por olvidarse de la base material de la economía. Recuerdo un chiste que he leído en algún lugar: un grupo de personas se encuentra, por circunstancias que no vienen al caso, atrapado en un sótano oscuro y sin cobertura de móvil. Uno de ellos, preocupado, pregunta: ¿cómo vamos a sobrevivir sin comida? Otro, que es economista, responde: no nos preocupemos por eso, cuando comencemos a tener hambre, nuestra demanda generará la comida que necesitemos... De acuerdo, el chiste es malo, pero retrata un modo de pensar que veo con preocupante frecuencia entre los economistas: el sistema físico en el que se inserta la economía no impone ninguna restricción y es, por tanto, irrelevante en el análisis.

Chistes aparte, comentaré que este aparente olvido de la base material de la economía, que llamaré “olvido de los economistas”, me parece bastante comprensible: durante el último siglo y medio, coincidiendo con el desarrollo de la ciencia económica, la sinergia entre ingenio humano e incentivos económicos ha proporcionado sustituciones capaces de revertir casi cualquier situación de escasez. El petróleo y el gas natural sustituyeron con ventaja al carbón, que a su vez había sustituido a la leña y la tracción animal. Los productos de la industria petroquímica sustituyeron con ventaja al caucho y otros productos naturales. Los fertilizantes químicos sustituyeron con ventaja a los naturales y a los ciclos de cultivo y barbecho, revirtiendo la escasez de tierra cultivable. La aviación sustituyó con ventaja al transporte de viajeros por ferrocarril o barco en las largas distancias, paliando también, entre otras cosas, la escasez de tiempo. Etcétera, etcétera, etcétera. En estas condiciones, ¡qué fácil resulta abstraerse de los detalles materiales de la actividad productiva! Asegurémonos de que los incentivos económicos están en su sitio y todo lo demás funcionará.

El caso es que el funcionamiento espectacular de la sinergia entre ingenio e incentivos económicos ha permitido que unas cuantas sociedades hayan alcanzado unos estándares de vida que encajan mucho mejor con el concepto de sobreabundancia que con el de escasez. Yo de esto me alegro, ya que me ha tocado vivir en una de esas sociedades afortunadas. Pero también me pregunto con inquietud: ¿podemos esperar que este funcionamiento espectacular, esta sucesión de sustituciones a favor de la abundancia, se pueda mantener en el futuro inmediato?. O, dicho de otro modo: ¿podemos esperar que el sistema físico que sustenta la economía no imponga restricciones insalvables a su crecimiento?. Si la respuesta es negativa, el “olvido de los economistas” dejará de ser viable y la ciencia económica tendrá que cambiar (en Economía en un mundo lleno abundo en este asunto). Yo me temo que hay motivos claros para esperar una respuesta negativa. Una forma concisa de explicarlo es esta: la economía se ha hecho demasiado grande en relación con el sistema material que la sustenta, así que estamos comenzando a toparnos con unos límites que ya no podemos (o no deberíamos) obviar por más tiempo. Ahí van dos ejemplos:

  • Dependemos del petróleo y lo necesitamos en cantidades tan enormes que los yacimientos de petróleo convencional, globalmente en declive, ya no pueden suministrarlas. Hoy por hoy no tenemos sustitutos para el petróleo convencional, al menos a precios compatibles con el nivel de actividad económica que necesitamos para no caer en crisis o recesión. Tampoco parece que los vayamos a tener a medio plazo.
  • Dependemos completamente de un recurso bastante intangible pero que está comenzando a escasear de forma alarmante: la estabilidad climática. A ver dónde está el guapo que nos encuentra un sustituto para esto.
Yo tengo para mí que la crisis económica que estamos padeciendo no se puede explicar bien si no se tienen en cuenta los límites naturales para el crecimiento, el primero y más palpable la escasez de combustibles fósiles. Sin embargo, la mayoría de los análisis que veo están presididos por el “olvido de los economistas”. Fraude, el documental al que se refiere el artículo que cito al principio, me parece un ejemplo clarísimo, como lo es también, desde unos planteamientos completamente opuestos, el libro de Krugman ¡Acabad ya con esta crisis! que he comentado en otro artículo (Paul Krugman, el Coyote y la solución keynesiana). En ambos enfoques la base material de la economía, las posibles limitaciones del sistema físico que la sustenta, están completamente ausentes. Lo único que cuenta es el manejo adecuado de los incentivos económicos, bien por el mercado, bien por los gobiernos, según el enfoque que más le guste a cada cual.

viernes, 21 de septiembre de 2012

¿Euro, dólar o kilovatio-hora?

El euro, se dice, tiene defectos graves de diseño institucional. Y estos defectos de nuestro sistema monetario podrían estar detrás de que países como Reino Unido o, en especial, los Estados Unidos de América, se estén defendiendo con mayor facilidad que la Eurozona en esta crisis que dura ya más de cuatro años. Este asunto estuvo muy en boga hace aproximadamente un año, especialmente entre los comentaristas económicos del otro lado del Atlántico, y comoquiera que la zozobra económica de los países del euro persiste, mantiene aún su vigencia. Por ejemplo: lo de “defectos graves de diseño institucional” lo tomo, literalmente, de un artículo de opinión de Ignacio Sánchez Cuenca publicado en El País el pasado 18 de septiembre.

Así que, efectivamente, los problemas de un sistema monetario mal concebido podrían estar pasándonos factura a nosotros, los europeos del euro. No digo yo que no pero tengo la sensación de que debe de haber algo más. Y es que no me puedo quitar de la cabeza la idea de que la economía se mueve no tanto a base de dinero como de energía. Así que, centrándome en Estados Unidos y la Eurozona, me surge la siguiente pregunta: además de la mayor o menor gravedad de los defectos del sistema monetario y otros factores institucionales, ¿hay diferencias importantes en cuanto a la situación energética?. Veamos algunos datos.

Tomo del Statistical Review of World Energy 2012 de BP las series de producción de energía primaria de los últimos 20 años (1992-2011) clasificadas por tipos de fuente: petróleo, gas natural, carbón, energía nuclear, hidroelectricidad y otras renovables. Utilizo los valores en mega toneladas equivalentes de petróleo (Mtep), de manera que los puedo agregar para obtener el total de energía primaria producida. Sí, lo sé, esta agregación es imperfecta. Por una parte las fuentes de energía no son completamente intercambiables: no podemos hacer volar un avión con electricidad y menos aún con carbón. Y también están las pérdidas de conversión: 1 Mtep de carbón utilizado para producir electricidad en una central térmica rinde algo así como 0,4 Mtep de electricidad mientras que 1 Mtep de electricidad hidráulica, nuclear o eólica es 1 Mtep de energía primaria. Sin embargo, creo que la agregación no deja de ser una referencia adecuada para lo que quiero mostrar.

Lo que quiero mostrar es la comparación entre la producción y el consumo de energía primaria de cada economía. El consumo de energía primaria es también el agregado de petróleo, gas, carbón, nuclear, etc. que consume una economía en un periodo de tiempo. Veamos, para empezar, qué pasa en Estados Unidos:


En el gráfico, las bandas de colores representan producción y la línea roja consumo. El espacio en blanco que queda entre ambos es lo que podríamos llamar déficit de energía primaria. Vemos que la economía estadounidense consume más energía primaria que la que  produce. En 2011 necesitó una importación neta de energía primaria del 20% del consumo. Es mucha energía, si bien el ratio ha mejorado sustancialmente en los últimos años: en 2007 fue del 30%. Esta mejora hay que atribuirla en parte a la estabilización o incluso reducción del consumo (y aquí entra la consabida crisis) y en buena medida a la reciente puesta en explotación de los yacimientos de gas de esquisto o shale gas (mediante la  controvertida tecnología de fractura hidráulica o fracking).

¿Y qué tal la zona euro? Pues ahí va el gráfico:


En la zona Euro el desfase entre producción y consumo de energía primaria es tremendo. Y no tiene visos de mejora: sólo las renovables están creciendo de forma sustancial pero representan una fracción mínima del total. Así que la economía del euro depende completamente de fuentes externas de energía. Por ejemplo: en 2011 el déficit de energía primaria representó un 65% del consumo. Comparado con el 20% de Estados Unidos es una diferencia más que notable.

No quiero decir con esto que la escasa disponibilidad de energía sea la explicación de todos los males de la economía de la Eurozona. Pero vivimos una época de escasez energética, escasez, no me cansaré de repetirlo, relativa: necesitamos cantidades enormes de energía para mantener el funcionamiento de nuestra civilización. En otras palabras: vivimos en una época de carestía energética. En un contexto así depender de fuentes externas de energía complica mucho las cosas. Y si no, imaginemos por un momento que fuera Estados Unidos el que necesitara un 65% de energía primaria del exterior o que los países del euro pudiéramos autoabastecernos en un 80%. O que de repente apareciera un yacimiento gigantesco de petróleo y los precios volvieran a los 30 dólares por barril de los primeros años 2000.

Y, a todo esto, ¿qué pasa con China? Pues ahí va el gráfico también, esta vez sin comentarios.





Fuentes:
El artículo de Ignacio Sánchez Cuenca que cito es La gran confusión y está en:
http://elpais.com/elpais/2012/09/17/opinion/1347878655_731776.html
Los datos del BP Statistical Review of World Energy 2012 se pueden descargar en:
http://www.bp.com/sectionbodycopy.do?categoryId=7500&contentId=7068481

domingo, 16 de septiembre de 2012

No estamos quedando sin hielo...¿Seguimos con la fiesta?

A lo largo de este verano el fenómeno natural del deshielo en la región del Ártico ha aparecido un par de ocasiones en los medios y yo vaticino una más en breve. Naturalmente estas apariciones han tenido mucha menos visibilidad que otros asuntos de mayor impacto como los altibajos de la prima de riesgo, los progresos en el medallero olímpico o, más recientemente, el estado anímico de Cristiano Ronaldo. En el caso del hielo de la región ártica, la noticia es que está desapareciendo. Las dos ocasiones que mencionaba antes son estas:

- El 24 de Julio se difundió la noticia de que el 97% de la superficie glaciar de Groenlandia había entrado en fusión simultáneamente, una situación sin precedentes en los 30 años con datos de observación satelital.
 
Figura 1. La extensión de hielo en fusión sobre Groenlandia el 8 de Julio de 2012 (izquierda) y el 12 de Julio de 2012 (derecha). Prácticamente toda la superficie de hielo entró en fusión en 4 días. Fuente: NASA (www.nasa.gov)

- El 26 de agosto se batió el record absoluto de extensión mínima del hielo oceánico del Ártico. El anterior record databa del 18 de septiembre de 2007 y en su momento también tuvo una modesta presencia mediática.
 
Figura 2. Ciclo anual de extensión de hielo en el océano ártico, 1979-2011 y 2012 hasta 11 de septiembre. La línea amarilla es 2012. El resto de líneas están coloreadas con una gradación de azul a rojo con rojo para los años más recientes.

Lo llamativo de esta última noticia es que por esas fechas aún quedaban 3 o 4 semanas de deshielo estival, así que la extensión de hielo ártico ha seguido reduciéndose y todavía lo hará durante algunos días más hasta alcanzar el habitual mínimo del final del verano. Lo que no será habitual ni de lejos va a ser la magnitud de ese mínimo. El record de 2007, que se igualó en 2011, va a quedar ahora totalmente pulverizado. Esta es la noticia pendiente que vaticino y que me imagino que tendrá una repercusión también muy discreta.

Con los datos disponibles a fecha de hoy, es verosímil pronosticar que en 5 años podremos ver septiembres con el Ártico libre de hielo oceánico. Reproduzco el gráfico siguiente del interesante y variado blog de Stuart Staniford Early Warning  (earlywarn.blogspot.com), con sus nada descabelladas extrapolaciones de los datos de volumen mensual de hielo.

 
Figura 3. Series de volumen de hielo oceánico ártico por meses y ajustes cuadráticos para los meses de Julio a Diciembre. Tomado del blog Early Warning, de Stuart Staniford.

Muy bien, pero ¿este asunto es importante? Hay varias maneras de verlo. Los partidarios del “business as usual” o, por decirlo así, de continuar con la fiesta a toda costa se fijan sobre todo en las oportunidades: un Ártico sin hielo abre nuevas rutas marítimas y propicia la explotación de yacimientos de petróleo antes difícilmente accesibles. Sobre los posibles inconvenientes lo normal es que se los despachen con envidiable desparpajo. Al fin y al cabo, nadie necesita que haya osos polares para llevar una buena vida y, por otra parte, los esquimales que aún cazan focas para alimentarse encontrarán sin duda otros medios de vida (lo cual, dicho sea de paso, podría hasta beneficiar su salud: cada vez hay más indicios de que, debido a la contaminación global, comer foca incrementa peligrosamente la acumulación de mercurio en el organismo. Ver por ejemplo AMAP Assesment 2011: Mercury in the Arctic).

Sin embargo, hay otra visión mucho menos optimista, y no sólo porque pueda valorar de otro modo la gravedad de la desaparición de la fauna ártica y de la cultura esquimal. La desaparición del hielo oceánico ártico es un síntoma evidente de que se están produciendo cambios drásticos en el sistema climático. Demasiado evidente como para no tenerlo en cuenta. Y los cambios drásticos en el sistema climático tienen la cualidad de poder afectarnos a todos, no sólo a los esquimales y a los osos polares. Y de afectarnos de formas difícilmente previsibles pero casi seguro que nada halagüeñas.

Y no sólo es un síntoma. La desaparición del hielo ártico supone en sí un cambio tremendo en los sistemas climático, oceánico y ecológico, que puede acarrear consecuencias muy graves también a nivel global.

Según esta otra visión, que yo creo que es la que tiene más fundamento, la fiesta está ya demasiado descontrolada. Si estuviéramos en la genial The Party, de Blake Edwards, a mí me parece que estaríamos en la fase en que la espuma ya está saliendo abundantemente de la piscina y comenzando a invadir el jardín y la planta baja.

Con todo, hay que reconocer que por nuestras latitudes la fiesta está un tanto apagada desde que en 2008 extraviamos la senda del crecimiento, que vino a ser como quedarse sin música. No me gusta ponerme agorero, pero quedarnos sin hielo puede ser aún peor: tal vez sea la señal definitiva de que la fiesta se ha terminado y de que lo que tenemos por delante es una resaca monumental.

Fuentes:
Las imágenes se han obtenido en:
AMAP Assesment 2011: Mercury in the Arctic puede encontrase en: